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Shell a un paso de reactivar el gas venezolano con luz verde de la administración Trump

En un movimiento audaz que demuestra la firme voluntad de la administración Trump para impulsar la seguridad energética de Estados Unidos y sus aliados, la petrolera Shell se encuentra en las etapas finales para recibir una licencia estadounidense que le permitirá reanudar la extracción y exportación de gas natural desde el yacimiento venezolano Dragón hacia la vecina Trinidad y Tobago. Este paso estratégico no solo dinamizaría la industria regional, sino que también reforzaría la posición de EE.UU. frente al gobierno de Nicolás Maduro, manteniéndolo aislado económicamente sin afectar el abastecimiento de hidrocarburos a sus socios.

El contexto: una política energética estadounidense con doble rostro

La llegada de la licencia para Shell deja al desnudo la estrategia bien diseñada del actual gobierno estadounidense hacia Venezuela. Por un lado, Estados Unidos mantiene una dura presión militar sobre el régimen de Maduro, con buques de guerra desplegados frente a las costas venezolanas y aviones militares actuando contra supuestos barcos vinculados al narcotráfico. Por otro, el gobierno de Trump potencia negociaciones inteligentes para que compañías petroleras internacionales, en alianza con países amigos como Trinidad y Tobago, puedan desarrollar proyectos de gas que beneficien a la región sin enriquecer al régimen socialista.

La realidad es clara: Trinidad es un exportador clave de gas natural licuado (GNL), amoníaco y otros derivados, pero enfrenta desde hace más de una década una preocupante escasez de gas, lo que ha frenado su capacidad productiva. El yacimiento Dragón, ubicado aguas someras entre ambos países, es visto como la solución ideal para reponer el suministro y mantener la competitividad regional en el mercado energético global.

Negociaciones y detalles claves del proyecto

Shell ya realiza trabajos previos para entrar en operación en el campo Dragón, y según fuentes cercanas al proceso, la negociación con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos avanza firmemente. La petrolera y su socio, la empresa estatal National Gas Company de Trinidad, buscan una licencia con vigencia de hasta 10 años, en contraste con autorizaciones anteriores de corto plazo. Este plazo permitiría inversiones de largo recorrido y estabilidad regulatoria, indispensables para proyectos de esta envergadura.

La licencia de Shell no es un hecho aislado. En julio, la administración Trump ya había autorizado de forma restrictiva a Chevron para retomar la producción y exportación de petróleo pesado venezolano, siempre bajo el mismo paradigma: no beneficiar directamente al gobierno de Maduro. Ahora, el Ejecutivo estadounidense parece dispuesto a extender este esquema a otros proyectos de gas, especialmente aquellos que aseguren el suministro de materias primas esenciales para socios estratégicos como Trinidad y Tobago.

El Departamento del Tesoro, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), es la entidad que gestiona estas licencias. Aunque se ha abstenido de hacer declaraciones públicas, fuentes internas confirman que los términos finales aún están en discusión, pero existe un consenso de fondo: las empresas extranjeras podrán reanudar operaciones en Venezuela solo si no pagan impuestos ni regalías al gobierno venezolano en moneda fuerte, evitando así la canalización de recursos al régimen.

BP también en la carrera: Manakin-Cocuina sigue la ruta de Dragón

El interés no se limita a Shell. En paralelo, BP Plc negocia la restauración de su propia licencia para explotar el lado venezolano del yacimiento Manakin-Cocuina, que se extiende a ambos lados de la frontera marítima. Tanto Shell como BP son principales accionistas del complejo de licuefacción Atlantic LNG en Trinidad, cuya producción de GNL ha estado en declive por años ante la falta de materia prima.

La entrada en operación de Dragón y Manakin-Cocuina revitalizaría la industria trinitense y, por extensión, abastecería de amoníaco y productos petroquímicos a mercados clave como el estadounidense. No olvidemos que la agricultura norteamericana depende en gran medida de estos insumos, convirtiendo la seguridad energética en una cuestión de seguridad alimentaria nacional.

La geopolítica detrás de la licencia: presionar a Maduro sin lastimar a los aliados

El presidente Trump y su equipo han sido claros: Venezuela no puede ser un santuario para el crimen organizado ni un actor desestabilizador en la región. Por eso, la Casa Blanca revocó todas las licencias petroleras y gasíferas para Venezuela en abril, elevando la presión sobre el gobierno de Maduro en sintonía con la doctrina de “máxima presión” que ha caracterizado esta administración.

Sin embargo, el enfoque no es meramente punitivo. El gobierno estadounidense ha buscado fórmulas para que sus aliados regionales no carguen con las consecuencias del aislamiento económico de Venezuela. Así, la posible licencia para Shell y BP está condicionada a que la contraparte venezolana no se beneficie significativamente, evitando la entrada de divisas al país bajo control socialista.

En una reciente reunión entre la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, y el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quedó clara la línea oficial: Estados Unidos apoya el acceso de Trinidad al yacimiento Dragón siempre que se garanticen mecanismos para que el régimen de Maduro no obtenga un beneficio significativo. Esta postura ha sido públicamente respaldada por la líder trinitense, quien incluso ha aplaudido las acciones militares estadounidenses contra presuntos barcos narcotraficantes en la zona.

¿Qué significa esto para el mercado energético regional?

La reactivación del gas venezolano bajo licencia estadounidense es un jalón histórico que marca varias tendencias:

  • Seguridad energética para Trindad y socios: La entrada de gas venezolano a Trinidad permitirá reponer la capacidad de exportación de GNL y amoníaco, claves para la economía del país y para abastecer la agricultura estadounidense.
  • Máxima presión sobre Maduro: El no pago de impuestos y regalías en moneda fuerte a Venezuela debilita al régimen, al tiempo que fortalece la posición de EE.UU. y sus aliados en la región.
  • Una salida inteligente al bloqueo: Las licencias demuestran la capacidad de la administración Trump para diseñar políticas que perjudiquen a los enemigos estratégicos sin lastimar a los aliados, apostando por la innovación regulatoria y la seguridad regional.

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Conclusión: un paso audaz con miras al largo plazo

La próxima autorización a Shell para exportar gas venezolano a Trinidad y Tobago bajo licencia estadounidense es un ejemplo de cómo la actual administración republicana equilibra presión sobre regímenes hostiles con apoyo a aliados estratégicos. No solo fortalece la seguridad energética de EE.UU. y sus socios, sino que también refuerza la doctrina de máxima presión contra el gobierno de Maduro, evitando que recursos financieros cruciales fluyan hacia Caracas.

Esto no es solo una victoria para la diplomacia republicana, sino también para la industria energética regional, que podrá seguir compitiendo en el mercado global gracias a la innovadora gestión de riesgos y oportunidades que impulsa el presidente Trump y su equipo.

Fuentes utilizadas para la elaboración de este artículo

Bloomberg: Shell estaría cerca de obtener licencia de EEUU para exportar gas venezolano a Trinidad (Lapatilla)
Bloomberg Línea: Shell, cerca de recibir aval de EE.UU. para exportar gas venezolano a Trinidad
Banca y Negocios: Bloomberg: Shell está a punto de obtener licencia de EEUU para exportar gas venezolano a Trinidad
La República: Shell cerca de obtener licencia estadounidense para exportar gas venezolano a Trinidad

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