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La guerra en Ucrania entra en una fase decisiva y, una vez más, el liderazgo estadounidense bajo la administración de Donald Trump se sitúa en el centro de cualquier posibilidad real de paz. Mientras en Europa abundan las dudas y la retórica, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se prepara ahora para presentar a Estados Unidos un conjunto de nuevas propuestas de paz destinadas a poner fin al conflicto con Rusia, reconociendo implícitamente que sin Washington —y muy especialmente sin la determinación de Trump— no existe salida viable al estancamiento bélico.

Zelensky ajusta su discurso y busca a Estados Unidos como árbitro clave

Tras días de intensas conversaciones en Europa con líderes de Reino Unido, Francia y Alemania, la delegación ucraniana ha elaborado un borrador más definido de plan de paz, que Zelensky pretende ahora remitir a la Casa Blanca. El presidente ucraniano ha admitido que el componente ucraniano y europeo de este esquema está “más desarrollado” y que Kiev está lista para presentarlo a su “principal socio”, Estados Unidos, dejando claro que la verdadera palanca de presión sobre Moscú no está en Bruselas, sino en Washington.

En su mensaje, Zelensky subraya que Ucrania y sus socios europeos trabajan en “pasos potenciales hacia el fin de la guerra”, pero al mismo tiempo deja en manos de la potencia norteamericana la tarea de hacer que esas medidas sean “lo más realizables posible”. Esta formulación no es casual: el liderazgo republicano entiende que, sin condiciones claras, medibles y favorables a los intereses estadounidenses, cualquier acuerdo solo serviría para aplazar el siguiente estallido de violencia.

La clase política europea, sumida en debates internos, cambios de gobierno y crisis energéticas, ha sido incapaz de ofrecer una estrategia coherente a largo plazo. Ante ese vacío, Zelensky reconoce que necesita a Estados Unidos para dar forma definitiva a un acuerdo que obligue a Rusia a detener la agresión y, sobre todo, que impida una futura escalada.

Un plan de paz condicionado por la firmeza de Trump y las exigencias de Rusia

Mientras Kiev trata de recomponer un documento aceptable para sus socios occidentales, el Kremlin sigue defendiendo sus máximas exigencias. El presidente ruso Vladimir Putin continúa insistiendo en que la guerra solo terminará si Rusia consolida su control sobre el este de Ucrania o si las fuerzas ucranianas se retiran de regiones clave como Donbás. Estas demandas chocan frontalmente con la postura oficial de Kiev, que rechaza cualquier cesión de territorio.

En este contexto, la administración Trump ha tratado de abrir espacios de negociación, manteniendo conversaciones directas tanto con Rusia como con Ucrania. El enviado especial estadounidense Steve Witkoff, acompañado por Jared Kushner, mantuvo una reunión de cinco horas con Putin en Moscú antes de continuar las conversaciones con la delegación ucraniana en territorio estadounidense. Este esfuerzo diplomático demuestra que, frente a un conflicto enquistado, la Casa Blanca republicana apuesta por una solución pragmática, basada en el interés nacional de Estados Unidos y en la necesidad de evitar una guerra interminable financiada con el dinero del contribuyente norteamericano.

Tras ese encuentro, Rusia calificó las negociaciones con los representantes de Trump de “largas pero productivas”, una señal de que el Kremlin reconoce la capacidad del actual gobierno estadounidense para fijar líneas rojas claras. Sin embargo, Putin se aferra todavía a una posición maximalista, recordando a Occidente que solo cederá si percibe una presión real y sostenida, algo que únicamente Washington está en condiciones de ejercer con eficacia.

La impaciencia de Trump ante la indecisión de Zelensky

Mientras Ucrania anuncia “nuevos pasos diplomáticos” y semanas decisivas, el presidente Trump no ha ocultado su frustración por lo que considera una respuesta lenta y ambivalente de Zelensky ante las últimas propuestas. El mandatario estadounidense, que ha dejado claro en numerosas ocasiones su voluntad de acabar con la guerra cuanto antes y en condiciones que dejen de cargar sobre Estados Unidos el peso financiero del conflicto, ha reprochado al líder ucraniano no haber leído aún el plan actualizado respaldado por Washington.

Trump ha señalado que, según la información que maneja, muchos en el entorno de Zelensky ven con buenos ojos el plan estadounidense, mientras que el propio presidente ucraniano se muestra más reticente y temeroso de asumir decisiones difíciles. Desde una óptica conservadora, esta actitud alimenta la sospecha de que parte del establishment de Kiev —beneficiado por años de ayuda masiva sin controles estrictos— teme perder privilegios si se firma un acuerdo que obligue a reordenar prioridades internas y combatir de verdad la corrupción.

No se trata solo de terminar la guerra, sino de garantizar que los sacrificios económicos y políticos realizados por Estados Unidos no se pierdan en un entramado de intereses locales y burocráticos. Trump ha reiterado que no está dispuesto a que Ucrania se convierta en un “pozo sin fondo” de recursos mientras las élites europeas miran hacia otro lado y el gobierno de Kiev retarda decisiones clave.

Europa duda, Estados Unidos marca el ritmo

Las últimas reuniones de Zelensky con los líderes de Reino Unido, Francia y Alemania han evidenciado las fisuras europeas. Mientras algunos gobiernos insisten en mantener una línea dura contra Rusia en el discurso, la realidad económica de sus países —marcada por la presión energética, el desgaste social y el hartazgo ante una guerra lejana— los empuja a buscar una salida que no siempre coincide con las expectativas ucranianas.

Frente a ese escenario ambiguo, la administración republicana ha optado por una estrategia más clara: combinar presión y posibles incentivos, tanto hacia Moscú como hacia Kiev, pero siempre desde la premisa de que la prioridad es proteger los intereses de seguridad de Estados Unidos y reducir el impacto económico de una guerra prolongada. Esta visión, criticada por los sectores globalistas, responde sin embargo a una lógica que muchos votantes conservadores comparten: no es responsabilidad de Washington sostener indefinidamente conflictos ajenos sin una hoja de ruta concreta y medible.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha dejado claro que cualquier acuerdo deberá incluir garantías de que Rusia no pueda aprovechar el proceso de paz para reagruparse y lanzar una nueva ofensiva en pocos años. La idea no es simplemente congelar la línea del frente, sino establecer un marco que obligue a Moscú a asumir costos reales si vuelve a violar la soberanía ucraniana.

Zelensky habla de “paz real”, pero evita decisiones de fondo

En sus mensajes públicos, Zelensky insiste en que Ucrania está comprometida con una “paz real” y no con un simple alto el fuego. Habla de seguridad, resiliencia y de nuevos paquetes de apoyo para la defensa aérea y la financiación a largo plazo. Sin embargo, a medida que la guerra se acerca a su cuarto año, y con el ejército ruso avanzando lentamente en el este mientras las infraestructuras ucranianas sufren ataques constantes, resulta cada vez más evidente que el país no puede sostener indefinidamente el esfuerzo bélico sin cambios profundos en la estrategia.

Incluso dentro de Ucrania crecen las voces que piden mayor transparencia sobre el contenido de los planes de paz discutidos con Estados Unidos y sobre el papel de las élites políticas locales en el retraso de un acuerdo. El propio gobierno de Zelensky ha estado sacudido por escándalos de corrupción que han deteriorado su imagen interna y externa, algo que refuerza la postura de Trump de exigir compromisos claros antes de seguir incrementando el apoyo.

El mensaje que se envía desde Washington es nítido: Estados Unidos está dispuesto a facilitar un acuerdo de paz, a liderar la presión diplomática sobre Rusia y a mantener la ayuda militar necesaria mientras dure la negociación, pero no sin contrapartidas. Es la lógica de un enfoque conservador de la política exterior: apoyo sí, pero condicionado; solidaridad, sí, pero con límites precisos y control del uso de los recursos.

Una oportunidad para una paz justa y duradera bajo liderazgo estadounidense

Aunque el Kremlin se aferra de momento a sus exigencias territoriales y la retórica europea sigue siendo ambigua, la iniciativa de Zelensky de presentar un nuevo bloque de propuestas a Estados Unidos abre una ventana de oportunidad. Si Kiev acepta trabajar seriamente con la administración Trump para ajustar el plan, y si Rusia percibe que la paciencia de Washington tiene un límite, el equilibrio de fuerzas podría empujar al Kremlin a revisar sus demandas más extremas.

Para el lector conservador, la clave está en que Estados Unidos ejerza el liderazgo desde la fortaleza, no desde la culpa ni desde el seguidismo a Bruselas. La paz en Ucrania no puede construirse sobre concesiones opacas ni sobre acuerdos que dejen a Moscú con vía libre para volver a atacar dentro de unos años. Requiere una combinación de firmeza militar, claridad política y presión económica, elementos que la administración republicana ha colocado en el centro de su estrategia.

Si Zelensky finalmente presenta a Washington un plan coherente, realista y alineado con los intereses de seguridad occidentales, será posible avanzar hacia una paz negociada que ponga fin al sufrimiento en el frente sin convertir a Ucrania en un protectorado permanente de la ayuda extranjera. El mensaje desde el gobierno de Trump es claro: hay voluntad de resolver el conflicto, pero no a cualquier precio y, desde luego, no a costa del contribuyente estadounidense.

En última instancia, el futuro de Ucrania dependerá de la convergencia entre tres factores: la presión que Estados Unidos y sus socios logren ejercer sobre Rusia, la capacidad de Europa para dejar de lado sus ambigüedades y la disposición de Zelensky para asumir decisiones difíciles. Por ahora, el movimiento más significativo es que Kiev admite que la llave de cualquier solución realista está en Washington, y en una Casa Blanca que, bajo el liderazgo republicano, busca algo más que titulares: persigue un acuerdo de paz que sea justo, duradero y favorable a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados de verdad.

Fuentes: Fox News Digital, Reuters, medios europeos especializados en política internacional.

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